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Cuando el cuerpo encuentra refugio: la regulación del sistema nervioso en la naturaleza

hace 4 horas
4 min de lectura

Una pausa frente al paisaje: escuchar el cuerpo y el entorno.


Hay un momento, casi imperceptible, que ocurre cuando entramos a un bosque o nos sentamos frente al mar: los hombros bajan, la mandíbula se afloja, el pecho se abre un poco más. No lo decidimos conscientemente. Es nuestro sistema nervioso autónomo —esa red invisible que regula la respiración, el latido del corazón, la digestión— el que está respondiendo, en silencio, a una pregunta que se hace constantemente sin que lo sepamos: ¿estoy a salvo aquí?


La pregunta que el cuerpo nunca deja de hacerse

El neurocientífico Stephen Porges, creador de la Teoría Polivagal, llama a este proceso neurocepción: una evaluación neuronal de riesgo y seguridad que ocurre por debajo de la conciencia. Según su artículo Polyvagal Theory: A Science of Safety, esta "escucha" interna determina si nuestro sistema nervioso se mueve hacia estados de defensa (lucha, huida, inmovilización) o hacia estados de calma y conexión social.

Deb Dana, terapeuta y divulgadora de la teoría polivagal, lo explica con una imagen sencilla en su guía Navegar por el Sistema Nervioso: imaginamos el sistema nervioso como una jerarquía de tres caminos predecibles —el estado vagal ventral (seguridad y conexión), el simpático (movilización, alerta) y el vagal dorsal (colapso, desconexión)—. Y cita a Porges con una frase que vale la pena quedarse mirando un momento: "El trauma es una ruptura crónica de la conexión."

Lo que esto significa, en términos simples, es que sanar no es solo un trabajo mental: es, literalmente, un trabajo del cuerpo, de su capacidad de volver a sentirse seguro.


La naturaleza como mensajera de seguridad

Aquí es donde la ciencia empieza a encontrarse con lo que la intuición humana ya sabía: la naturaleza parece hablar directamente el lenguaje que nuestro sistema nervioso entiende.

Un estudio sistemático de Lea Neuberg (Universidad del Sur de Dinamarca, 2021), que revisó ocho ensayos clínicos aleatorizados con más de 3.000 participantes, documentó algo contundente: la exposición a la naturaleza —real o incluso virtual— produce cambios medibles en la Variabilidad de la Frecuencia Cardíaca (HRV), un biomarcador directo de la actividad del sistema nervioso autónomo. Según sus palabras: "Una conclusión convincente fue el aumento del sistema parasimpático al observar naturaleza, comparado con entornos construidos."

Es decir: no es una sensación subjetiva ni una moda de bienestar. Es el cuerpo, medido con instrumentos científicos, respondiendo fisiológicamente al verde, al agua, al cielo abierto.


Oxitocina: la hormona de la confianza que la naturaleza activa

Otro hallazgo fascinante viene de la Teoría de la Calma y la Conexión (Grahn, Ottosson y Uvnäs-Moberg, 2021). Los autores proponen que ciertos entornos naturales —aquellos que percibimos como seguros y amigables— activan el sistema oxitocinérgico, el mismo que se asocia con el vínculo afectivo, la confianza y la reducción del miedo.

Según el estudio, cuando una persona desarrolla una especie de "amistad" o afinidad con un lugar natural, la oxitocina liberada no solo reduce el estrés en el momento, sino que permite reorganizar memorias y experiencias: "Es posible introducir nuevas formas de pensar e incluso transformar los vínculos emocionales con los recuerdos."Las memorias traumáticas persisten, pero su carga emocional puede transformarse de angustiante a calmante.

Esto conecta de forma profunda con el trabajo terapéutico del trauma: la naturaleza no borra la historia, pero puede cambiar la forma en que el cuerpo la sostiene.


Anclas vagales ventrales: encontrar los lugares que regulan



La atención a las formas y texturas de la naturaleza puede convertirse en una práctica de presencia.

Deb Dana, en su libro Ejercicios Polivagales para Seguridad y Conexión, ofrece una práctica que conecta directamente con esta idea. La llama "anclas vagales ventrales en la naturaleza":

"La naturaleza, tanto en la vida real como a través de imágenes, ofrece oportunidades relajantes y reparadoras. En el mundo natural abundan los fractales —patrones simples que se repiten creando complejidad creciente: la concha de nautilus, una hoja, una piña, un cristal de hielo—. Ver fractales por solo unos momentos genera una respuesta autonómica reguladora."

Dana invita a prestar atención a los lugares específicos que nos llevan a un estado de calma y conexión (regulación vagal ventral), y a visitarlos —en persona, en imágenes, o en ambas formas— de manera intencional. No se trata de "estar en la naturaleza en general", sino de identificar los lugares, formas y texturas particulares que el propio sistema nervioso reconoce como seguros.


Una práctica para empezar hoy

Inspirados en estas fuentes, aquí hay una invitación sencilla, basada en una técnica de orientación sensorial documentada en guías clínicas de regulación del sistema nervioso:

1.  Sal a un espacio natural, o siéntate frente a una ventana con vista a plantas o cielo.

2.  Siente tus pies en el suelo, o tu cuerpo en la silla.

3.  Deja que tu atención se mueva, despacio, entre lo que ves, lo que escuchas, lo que hueles.

4.  Busca un fractal: las venas de una hoja, la forma de una nube, la textura de una corteza. Detente ahí unos segundos.

5.  Pregúntate, sin apuro: ¿esto me regula? ¿aquí mi cuerpo se siente un poco más en calma?

No hay una respuesta correcta. Cada sistema nervioso tiene sus propias anclas. El trabajo —tanto en terapia como en la vida cotidiana— es ir descubriéndolas, una por una, con curiosidad y sin exigencia.


Para cerrar

Como escribe Deb Dana citando una pregunta esencial de la teoría polivagal: "¿tu neurocepción me percibe como un recurso restaurador o como una amenaza?" Quizás la pregunta más honesta que podemos hacernos frente a un paisaje, un río o un árbol, es exactamente esa. Y quizás, como sugiere la ciencia que hoy acompaña a la intuición ancestral, la respuesta correcta —cuando el lugar es el adecuado— ya está escrita en el cuerpo, mucho antes de que la mente la entienda.


Fuentes citadas en este artículo: Stephen W. Porges, "Polyvagal Theory: A Science of Safety"; Deb Dana, "Navegar por el Sistema Nervioso" y "Ejercicios Polivagales para Seguridad y Conexión"; Lea Neuberg, "A Systematic Review on Nature's Impact on the Autonomic Nervous System Measured by Heart Rate Variability"; Grahn, Ottosson & Uvnäs-Moberg, "The Oxytocinergic System as a Mediator of Anti-stress and Restorative Effects Induced by Nature: The Calm and Connection Theory".

 
 
 

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